Conferencia de Natalia Barcáiztegui sobre la educación de adolescentes en el COF de Sevilla: “Capacitar para ser felices implica hacerles capaces de amar y ser amados”

Este martes dio inicio la tercera Semana de la Familia de la Diócesis de Sevilla. La inauguración corrió a cargo del Cardenal Arzobispo don Juan José Asenjo, quien explicó que “la familia es hoy despreciada y maltratada, y es el futuro de la humanidad. En este campo tenemos que trabajar unidos todos los movimientos, junto a la diócesis, en el mismo sentido”. Por su parte Natalia Barcáiztegui, Economista, Master en matrimonio y familia, miembro del equipo directivo del Highlands School Sevilla y miembro del Regnum Christi también impartió una charla titulada “La Belleza del amor humano: Los adolescentes y la sexualidad”, en la que ofreció una visión de la realidad de los jóvenes y muchos consejos para los padres, animándoles a no renunciar a su tarea educadora.

El acto fue organizado por el COF (Centro de orientación familiar) del Aljarafe (Sevilla) en uno de los salones del Ayuntamiento de esta localidad.

Natalia Barcáiztegui comenzó con una frase de Enrique Rojas: “La sociedad esta humanamente rota y técnicamente completa”, y esta es la sociedad donde les ha tocado vivir a nuestros adolescentes. Una sociedad materialista, relativista, hedonista… Tenemos que estar atentos, de en dónde están, con quién se mueven, qué les inquieta, qué hacen en su tiempo de ocio… Quitarnos la venda, no decir “mi hijo no…” Hay que esperarlos cuando llegan por la noche, para ver cómo vienen y hablar con ellos. No aceptar invitaciones a dormir los fines de semanas sino sabemos si en esa casa hay normas y horarios, si es así de nada sirven las nuestras.

El momento de inculcar valores

La etapa de la adolescencia es clave en la formación de una persona, es la última oportunidad que tenemos de inculcar los valores que hemos intentado darles en la infancia. Por muchos problemas que haya, no debemos tirar la toalla, hay que acompañarles aunque no los entendamos.

Es verdad que los jóvenes que tienen formación religiosa y moral, tienen menos riesgos de caer en adicciones, sexo, etc., pero no hay que olvidar que el adolescente es manipulable, tiene poco juicio crítico (si la mayoría actúa de una manera no les parece mal, lo frecuente es lo normal), manejan muchísima información (internet), se frustran cuando no les salen las cosas bien, piensan como viven para no cambiar la conciencia.

Buscar la oportunidad

Hablar con ellos antes de que lleguen las situaciones complicadas para que no lleguemos tarde. Hay momento “educables” en los que los chicos son receptivos; a veces habrá que propiciar temas, con películas, programas televisión, o simplemente salir a la calle con ellos, para ver y hablar.

Es importante hablar del amor como vocación humana fundamental. No podemos ser felices sino amamos y no nos aman. Hay que ayudarles a distinguir entre atracción física, sexualidad, amor y enamoramiento. Pues ellos confunden el amor con el sexo: el amor tiene una dimensión corporal y espiritual. Si se centran solo en los impulsos, les llevan a conductas sexuales erróneas.

Una gran cantidad de relaciones los adolescentes las basan en la sexualidad, cuando esta atracción decrece se acaba la pareja. Hay que enseñarle que el instinto puede decrecer con el tiempo, pero no el amor, cuando el primero decrece el segundo aumenta. El amor tiene que depender de lo que yo domino, de la inteligencia y de la voluntad. Si el instinto me lleva a otra persona, el sentimiento, inteligencia y voluntad me ayuda a ser fiel y decir libremente “te quiero a ti”.

Hablar de sexo y de afectividad

Hay que explicarles que el sexo no es algo puramente fisiológico, como la digestión, sino que afecta a toda la persona y que tiene un alcance espiritual. La sexualidad tiene que estar guiada por la inteligencia y la voluntad, no es solo un instinto.

Es fundamental educarles en la afectividad y sexualidad, para que sean responsables, comprometidos, acepten las consecuencias de los hechos que realizan y, por supuesto, también en la voluntad.

Hay algunos peligros añadidos como el alcohol que los desinhibe, por eso beben: para hacer lo que la formación no les permite, anula su voluntad, el autocontrol y el pudor. Otro de los peligros relacionados es el de las imágenes que hoy en día cuelgan en la red. Atención, porque puede que las vean sus hijos el día de mañana.

Respeto, perdón y no juzgar a los chicos

Juzguemos los hechos, pero no a ellos, perdonarlos inmediatamente, aunque nos quede el dolor. Hay que tener en cuenta que la confesión les tranquiliza y paralelamente hay que enseñarles a perdonarse a sí mismos, para que no se hundan. Hacerles sentirse queridos, sepan que confiamos en ellos e intentaran no defraudarnos. Comprenderlos, pero poniendo límites, puesto que es nuestra obligación, podemos y debemos intervenir en sus vidas.

Y por lo mismo, no ser sobreprotectores, necesitan experiencias para saber afrontar las que les van a tocar a lo largo de su vida. Como padres hay que ser coherentes, no cambiar de opinión, nuestra forma de vida, cuidar nuestro matrimonio… somos el ejemplo que tienen. Nuestro amor, no olvidarlo, es el que los salva: “Capacitar para ser felices implica hacerles capaces de amar y ser amados”.

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