Entrevista | Clara Pérez Ugarte, médico residente: “Para mí, la vocación a la santidad se concreta a través de mi matrimonio y en el servicio al prójimo como médico”

Clara Pérez Ugarte tiene 26 años y es médico residente de Medicina de Familia en el Hospital Puerta de Hierro, en Majadahonda. Además, es miembro laico del Regnum Christi. Clara reconoce que ha sido en el Regnum Christi donde su vida de fe se ha ido ensanchando: “Aquí he experimentado la amistad auténtica con Jesús y, ante todo, donde he ido comprendiendo mi llamada a la santidad”, explica. En esta entrevista, habla sobre su vocación y misión en el hospital, sobre el dolor y el sufrimiento, y sobre su cercanía a los enfermos: “Ha sido más de un paciente al que he tenido que sostener la mano, sola, de madrugada, sabiendo que apenas le quedaban horas de vida”.

¿Cómo descubriste esta vocación a la medicina? ¿Hubo algún acontecimiento decisivo?

Más que un descubrimiento a la vocación como médico yo diría que fue un descubrimiento progresivo a lo largo de mi vida a sentirme muy llamada al servicio al otro. Eso unido a la conciencia de que es Dios quien da todo, y que no tenemos nada que no hayamos recibido, me impulsó a unir los dones y capacidades académicas que me han sido regalados a esa vocación de servicio al prójimo, y lo que me llevó a decidirme por la medicina.

¿Cuál es tu función en el día a día?

Cuando uno acaba la carrera de medicina, hace el MIR, el examen que permite la selección de una plaza como médico residente. Una vez que entras en la residencia se trata de un periodo de formación como especialista, en mi caso médico de familia. En esta etapa formativa, el papel de residente es un poco como el de un trabajador en prácticas. En mi día a día como residente, trabajo en diferentes servicios del hospital, aprendiendo de diversos especialistas, atendiendo a pacientes de todo tipo (desde pediatría hasta geriatría) y haciendo guardias (turnos de 24 horas) en el servicio de Urgencias del hospital.

Para mí, esa vocación a la santidad se concreta, en primer lugar a través de mi matrimonio, y en segundo a través del servicio al prójimo como médico.

¿De qué modo impacta tu vocación al Regnum Christi en tu vida profesional?

Supongo que impacta de una manera mucho más concreta de lo que yo tal vez sea capaz de ver… El Regnum Christi ha sido el lugar desde donde mi vida de fe se ha ido ensanchando, desde donde he experimentado la amistad auténtica con Jesús y, ante todo, donde he ido comprendiendo mi llamada a la santidad. Y para mí, esa vocación a la santidad se concreta, en primer lugar a través de mi matrimonio, y en segundo a través del servicio al prójimo como médico. Es posible que sin el Regnum Christi mi forma de ver mi profesión y ejercerla fuera un simple trabajo, un lugar donde ser mejor persona y ayudar a los demás… sin embargo gracias a todo lo que he ido creciendo, caminando y aprendiendo, para mí ser médico forma parte de mi camino al cielo.

¿Te encuentras a Dios en los enfermos?

No tanto como querría. La realidad es que en muchas ocasiones la complicación técnica al abordar la patología de un paciente entorpece el mirarle integralmente, y ante todo con una mirada más trascendental. Apenas he empezado a caminar por este camino, y sé que aún me queda recorrido para seguir educando mi mirada y mi corazón.

¿Qué es, en qué consiste para ti evangelizar en tu vida profesional?

Más que hablar de Dios abiertamente -que también- creo que, sobre todo, es tratar de vivir de una manera auténtica el amor al prójimo, la caridad. Siempre he tenido la teoría de que el problema hoy en día es que la gente que no conoce a Dios ni siquiera es consciente; a veces basta con ponerles la Verdad delante para mostrarles la sed que tienen. ¡Que vean la coherencia de tu vida, la plenitud que da el sentirse amado por Dios… para que ellos lo anhelen también!

Una consagrada decía en una entrevista que si pudiera tener un súper poder elegiría el de consolar… ¿Te gustaría tenerlo? ¿Cómo te suena?

¡Hombre, desde luego como médico sería un súper poder que me encantaría tener! Dar consuelo al otro es algo complicado, sobre todo porque en muchas ocasiones la situación puede ser verdaderamente dura y tú mismo eres consciente de que no hay palabra ni gesto que consuele… Realmente el único consolador es Jesús, es el único que realmente puede aliviar el dolor o el sufrimiento que atenaza nuestro corazón. Y ante esas situaciones en las que el consuelo parece una opción imposible, lo mejor es acogernos a la oración.

El dolor como tal expresa algo más físico, me da más miedo el sufrimiento. El sufrimiento del otro es una realidad que todos en general tratamos de ignorar, disimular… porque nos compromete, nos afecta, y la tendencia natural es tratar de ser impermeable.

¿Qué es el dolor? ¿Cómo vives el sufrimiento de los otros?

El dolor como tal expresa algo más físico, me da más miedo el sufrimiento. El sufrimiento del otro es una realidad que todos en general tratamos de ignorar, disimular… porque nos compromete, nos afecta, y la tendencia natural es tratar de ser impermeable. Creo que es tan importante aprender a gestionar ese abordaje del paciente sufriente como el de cualquier patología.

¿Qué papel juega el médico ahí, más allá de curar una patología?

Si un paciente me dice que tiene dolor, como médico tengo el tratamiento para ello. En cambio si un paciente me dice que sufre, mis manos están vacías. Ante el sufrimiento el médico deja de ser un terapeuta, y debe tratar de ser el mejor de los acompañantes. Y eso no se aprende de la noche a la mañana.

¿Crees que la enfermedad puede ser una oportunidad para acercarnos a Dios?

Lo creo. Creo que el sufrimiento nos ayuda a comprender a Cristo en la Cruz y a encontrar en Ël una fuente de consuelo. También creo que al toparnos con nuestra fragilidad y pequeñez surgen preguntas que, si uno está dispuesto a responderlas con sinceridad, acaban llevando a Dios.

Ha sido más de un paciente al que he tenido que sostener la mano, sola, de madrugada, sabiendo que apenas le quedaban horas de vida (…) me siento afortunada por haber sido yo quien estuviera a su lado, rezando

La situación en los hospitales durante la pandemia ha provocado que muchos pacientes experimenten la soledad al ser separados de sus familias. ¿Has podido acompañar a estos pacientes?

Lo que nos ha tocado vivir en los últimos meses ha sido una experiencia muy dura para el personal sanitario, pero también ha sido una oportunidad para crecer. Nunca pensé que en mi primer año trabajando como médico acompañaría en sus últimas horas de vida a nadie… y ha sido más de un paciente al que he tenido que sostener la mano, sola, de madrugada, sabiendo que apenas le quedaban horas de vida. Es algo duro, para lo que seguramente no estaba preparada, porque nadie te enseña en la carrera de medicina a acompañar en el sufrimiento ni en la muerte, pero me siento afortunada por haber sido yo quien estuviera a su lado, rezando y encomendando a esas personas a las que yo no conocía de nada, imaginándome su vida y deseando de corazón que llegaran al cielo.

Esta situación nos ha permitido ver la vulnerabilidad del hombre, ¿crees que esta situación nos ayuda a vivir más al día y a que se haga más claro y deseable lo verdaderamente importante?

Quiero creer que sí, pero por desgracia la vida va muy rápido, hay mucho ruido y al final… olvidamos rápido.

¿Cuál es tu oración favorita?

Me encanta la oración “Hazme instrumento de tu paz” de San Francisco de Asís.

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