Incorporaciones | Mila, de Sevilla: “Desde ese momento supe que me había embarcado en la mayor aventura de mi vida, que no iba a ser fácil, pero que siempre iba a merecer la pena”

Mila Aguilar-Amat es una chica de Sevilla que se ha incorporado hace unas semanas al Regnum Christi. Ella siempre ha sido una persona creyente, pero cuando llegó la Universidad otras cosas ocuparon el lugar de Dios. El retiro ‘Vive’, en el que participó hace a principios de año, le cambió la vida. Mila nos cuenta en su testimonio que “dado el cambio brusco que di en muy poco tiempo, una amiga mía me preguntó: ‘Tía, ¿qué te ha pasado?’, y yo solo le pude responder: ‘No, la pregunta es qué es lo que me ha pasado todo este tiempo”. Su vida ha cambiado y ahora está en la “mayor aventura de mi vida”.

“Entendí, entonces, que aquel que no duda… no busca”

Siempre he creído en Dios. Mis padres y mi colegio han sido un buen canal para llegar a ello. He tenido altos y bajos durante mi etapa escolar, pero siempre más tirando hacia arriba. Sin embargo, con la universidad todo cambió. Pasé a dejar a Dios en un segundo plano y a centrar mi atención en cosas superficiales.

El problema vino al basar mi felicidad en todas esas cosas, cuya única consecuencia fue un vacío tremendo para el que yo misma sabía que solo había un ingrediente que lo llenara por completo. Lo dejaba a un lado ¡Aun sabiendo cuál era la solución!

En enero me enteré del retiro VIVE y, a pesar de estar en mi peor momento, algo dentro de mí hizo que me lanzara. Fue en ese fin de semana cuando me di cuenta de que con Dios yo no quería hacer más planes a corto plazo, de “hoy voy a misa y rezo, pero ya mañana me olvido”.

Yo sólo quería planes a largo plazo, un proyecto de vida juntos en el que rendirme por completo a Él. Entendí, entonces, que aquel que no duda… no busca. Y que yo acababa de emprender la búsqueda hacia lo que es la base de mi existencia y felicidad, Él y solo Él.

Dado el cambio brusco que di en muy poco tiempo, de pasar de ser una completa inactiva en la fe, a estar en constante actividad, una amiga mía me preguntó: “Tía, ¿qué te ha pasado?”, y yo solo le pude responder: “No, la pregunta es qué es lo que me ha pasado todo este tiempo”.

Desde ese momento supe que me había embarcado en la mayor aventura de mi vida, que no iba a ser fácil, pero que siempre, siempre, siempre… iba a merecer la pena. Y yo solo le puedo dar las gracias a Dios por nunca cansarse de llamarme por mi nombre”.

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