Juventud Misionera y CLAUNE unidos para dar a conocer a los jóvenes la vida contemplativa y su trabajo misionero

Juventud Misionera y la fundación CLAUNE han creado una iniciativa destinada a acercar más la acción misionera a la vida contemplativa. Así, el pasado sábado 15 de mayo, un grupo de jóvenes misioneros se acercaron al monasterio de Nuestra Señora de la Visitación de Madrid para compartir mutuamente su experiencia evangelizadora en la Iglesia: unos desde la vida activa en la misión y las religiosas desde su vocación a la oración y la entrega silenciosa del claustro. CLAUNE (Claustros Necesitados), uno de los artífices de este encuentro, es un Instituto Pontificio que ayuda espiritual y materialmente a los monasterio de clausura en España, y cuyo actual director es el P. Juan Carlos Ortega, L.C.

Joselyn Castellanos, coordinadora de Juventud Misionera, nos explica que este apostolado del Regnum Christi “realiza muchas acciones misioneras durante el año, y con esta iniciativa queremos conocer y acercar a los jóvenes hacia la misión en la vida contemplativa y colaborar con los diferentes monasterios que hay en España”.

“Al final, nos convertimos en un equipo de oración y acción”, apunta Joselyn, “sin su oración sería más difícil nuestra labor en el mundo”. “El hecho es que estamos acostumbrados a la ayuda en la acción; así que conocer de primera mano la vida de los contemplativos es una gran oportunidad para profundizar y conocer la ayuda a la misión desde la contemplación y la oración”.

Algunos jóvenes de Juventud Misionera en el locutorio del Monasterio de Nuestra Señora de la Visitación, de Madrid

Algunos jóvenes de Juventud Misionera en el locutorio del Monasterio de Nuestra Señora de la Visitación, de Madrid

San Francisco Javier y Santa Teresita del Niño Jesús
Por su parte, el P. Juan Carlos considera “muy oportuna” esta iniciativa, ya que la misión tiene dos vertientes “muy bien simbolizadas por los sus patrones”: San Francisco Javier, que es “el exponente de la acción y de la misión a pie de calle”, y Santa Teresita del Niño Jesús, que es contemplativa y expresa que ser misionero es “algo que se vive desde el interior y, en ocasiones, sin necesidad de ir a tierra de misión”. “Juventud y Familia ha potenciado mucho el aspecto activo de las misiones y llega el momento de desarrollar también el aspecto más contemplativo. Es hermoso ver como la misión mueve a la contemplación”, ha explicado el P. Juan Carlos.

El P. Ortega nos explica que estas visitas embonan oportunamente con la renovación que está viviendo la vida contemplativa. “Por un lado, los monasterios, sin perder su autonomía, se están agrupando en estructuras de comunión para ayudarse entre ellos si es necesario. También, se está valorizando la formación de las religiosas contemplativas, creándose ámbitos académicos y espirituales para ello”. Por eso, estas visitas pueden ser un apoyo “muy grande” para los contemplativos: “Su oración y su vocación se apoyan en dos pilares: por un lado, Dios, al que alaban con su vida entregada a Él, y por otro, los hombres”. Los contemplativos son como el puente que une a Dios con los hombres y a los hombres con Dios, por eso “el contacto con los jóvenes, y más aún siendo misioneros, es una ayuda para la misma vocación contemplativa”, concluye.

Las religiosas salesas
Las hermanas Mercedes y Matilde, que estuvieron con los miembros de Juventud Misionera, explicaron que “que su carisma dentro de la Iglesia es contemplativo imitando la vida oculta, trabajos manuales y oración de Jesús, junto a sus hermanas”. Son 28 religiosas en este monasterio y la mayoría son de edad avanzada. Como parte de su carisma reciben a personas mayores que tienen vocación y que durante su juventud no dieron el paso. Sus fundadores -san Francisco de Sales y Santa Juana Francisca Frémyot de Chantal- “haciendo especial hincapié en la ascesis interior, abrieron las puertas de la vida religiosa contemplativa a toda clase de mujeres, incluidas las de salud débil o edad madura. La relativa suavidad de la Regla es compensada por la insistencia en la práctica de la humildad y de la caridad”. De hecho, nos cuenta una de las religiosas, “hace unos años, entró una señora de 93 años para ser monja y murió al poco tiempo, pero feliz de finalmente estar donde Dios siempre la quiso”.

El día a día “gira entorno a la oración, trabajos manuales, recreación entre la comunidad, misa, silencio y mucha vida de oración”, explican las hermanas. Y todo ello muy vinculado con las misiones, pues su llamada es también a “ayudar a la salvación del prójimo por la oración y entrega de nosotras mismas por amor a Jesús”, así como a “orar por las necesidades de la Iglesia y de sus hijos”.

        vocacion.org       

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