P. Luis Felipe Guzmán, L.C.: “Mi relación con Dios ha pasado a ser esponsal: más de exclusividad, de totalidad”

El P. Luis Felipe Guzmán, L.C., será ordenado sacerdote el sábado 29 de agosto de 2020, a las 12:00h, en la Basílica de Guadalupe, en México. Con él serán ordenados otros sacerdotes y diáconos, todos legionarios. El coronavirus ha hecho que su generación, a la que pertenecen también el P. Luca Toffolon y el P. Rafael Pou, por citar a los otros dos diáconos en España, no reciban el orden sacerdotal todos juntos en Roma como habitualmente, sino que excepcionalmente lo hagan en fechas y lugares diferentes, y conservando las reglamentarias medidas de seguridad. Este tiempo imprevisto de espera antes de la ordenación le ha hecho pensar más “que el sacerdocio no es algo merecido o que se consigue con el esfuerzo, sino un don que el Señor da”.

el sacerdocio no es algo merecido o que se consigue con el esfuerzo, sino un don que el Señor da

Nació en Michoacán, México, hace 30 años, es el menor de dos hermanos y sus padres tienen una tienda de alimentos. En esta entrevista nos cuenta muchas cosas como que desde pequeño siempre quiso ser sacerdote y que entró “en la apostólica simplemente porque los padres legionarios me invitaron”, algunas anécdotas de su años de formación, la importancia de sus hermanos de generación en el camino recorrido o que próximamente celebrará el matrimonio del hermano de su abuelo. Actualmente está destinado en Sevilla con “los chicos en el Colegio Highlands y en el Club Faro”.

¿Cómo fue sintiendo que Dios le llamaba al sacerdocio siendo tan pequeño?
Cuando vuelvo mi mirada atrás no hay un momento concreto en el que he sentido la llamada como niño. Ha sido una atracción o usando las palabras de Jeremías una seducción: “Me has seducido, Señor, y me he dejado seducir”. Desde muy pequeño, a los 4 años, me gustaba ir a misa, hablar con los sacerdotes, estar metido en todas las actividades de la parroquia, se me hacía muy natural y divertido pues tenía mis amigos de acólitos, partidos de futbol, etc. A los 10 años, gracias al ejemplo de un sacerdote diocesano, tenía claro que iba a ir al seminario cuando tuviera 12 años.

¿Cómo fue la decisión de decir ‘sí’ a Cristo? ¿Hubo un momento clave?
Un momento clave no lo ha habido. No ha habido un sanpablazo con que tener certeza absoluta. Pero al ver el ejemplo de tantos sacerdotes en mi parroquia, su trabajo con las personas, con los adolescentes y niños, sentía dentro de mí el deseo de imitarlos, de dar mi vida como ellos lo hacían.

¿Cómo reaccionaron sus padres cuando les dijo que quería ser sacerdote y que había conocido a los Legionarios de Cristo?
Conocí a los Legionarios de Cristo de rebote. Mis padres me cambiaron de escuela porque en la anterior me comportaba muy mal y mis notas eran pésimas. El nuevo colegio, de monjas, era el único en mi ciudad que permitían entrar a hablar a los padres legionarios. Me acuerdo que el P. Eugenio Martín entró en mi aula, contó algunos chistes y al final pasó una hoja con algunas preguntas. La última pregunta era “¿alguna vez ha pensado en ser sacerdote?”. Yo, como ya estaba decidido a entrar en el seminario, escribí que sí. En ese momento no tenía la mínima idea de la diferencia entre diocesanos y religiosos. En esa misma tarde, los padres estaban en mi casa hablando con mis padres sobre el seminario en Ciudad de México. Nosotros no conocíamos nada de los Legionarios de Cristo, yo lo que quería era entrar en el seminario. Mis padres al inicio no creían que de verdad quería ir al seminario por lo desastroso que soy. Pero a mi hermano y a mí siempre nos han apoyado con esta frase “nosotros les apoyamos en lo que ustedes quieran siempre y cuando sean hombres de bien y ayuden a la sociedad”.

Y entonces entró en la apostólica del Ajusco, ¿qué recuerda de aquella época?
La apostólica del Ajusco ha sido de mis momentos más felices. Compañeros llenos de vida, activos. Había momentos para todo: para jugar, para estudiar, para divertirse, para aprender instrumentos. Todos tratando de ser un poco mejores. Si lo pudiera resumir en una palabra sería “alegría”.

Cuando uno comienza tan pequeño a dar pasos tan importantes seguro que tiene que haber momentos de crisis y a la vez momentos gozosos de ‘re-encuentro’ con la vocación sacerdotal. ¿Cómo ha sido esto en su vida?
Claro. Cuando se empieza tan pequeño, como en mi caso, es necesario constantemente preguntarse las razones por las que se sigue adelante. Cada etapa que avanzaba era un momento para preguntarse sobre la vocación sacerdotal y sobre mi vocación dentro de la Legión. Gracias a Dios nunca he tenido duda de mi vocación, pero eso no quita que se te abran otras posibilidades, otros caminos. Esos horizontes nuevos ayudan muchas veces a ahondar en las propias razones y convicciones en la vocación.

¿Cómo es su relación con Dios? Usted lleva muchos años, desde niño, con una vida de oración intensa…
A lo largo de mi formación ha cambiado y evolucionado. Al inicio mi relación con Dios era un relación de amigo, al que le contaba todo, y sabía que estaba siempre a mi lado para acompañarme. Luego, con el paso del tiempo, cambió a una relación en la que yo trataba de propagar su Reino en el corazón de tantas personas. Pero al acercarse mi profesión perpetua y la ordenación, la relación con Dios ya no se podía sostener a largo plazo con la amistad o la propagación de su Reino, ha cambiado a una relación esponsal en la cual hay más de exclusividad, totalidad. La relación ya no es tan externa a uno.

Durante sus prácticas apostólicas en el seminario de Cheshire, ¿de qué daba clase a los hermanos? ¿Le gusta la docencia?
Estuve en Cheshire durante tres años enseñando en el Noviciado y en Humanidades. Fueron años muy enriquecedores y en el que descubrí tantas cualidades escondidas. Me gustó mucho la docencia, poder transmitir lo que he recibido a los demás, pero no creo estar llamado a la vida de profesor. Pero lo que más me gustaba enseñar no eran los contenidos, que los puedes encontrar en cualquier lugar en internet, sino que tuvieran la capacidad de analizar, sintetizar y relacionar esos conocimientos para poder aprovecharlos de verdad.

¿Qué papel juegan los compañeros de generación en el camino del discernimiento vocacional?
Para mí han sido fundamentales. Una de las grandes tristezas ha sido el no podernos ordenar todos juntos en Roma. Un seminarista o un sacerdote no va nunca solo en su camino, sino que siempre tienes hermanos que te alientan para seguir adelante. Sin mis hermanos creo que no estaría aquí.

Durante este proceso de renovación, ¿le ha descubierto el Señor algo más sobre su vocación como sacerdote legionario de Cristo?
Cómo el Señor no llama a las personas perfectas, llama a pecadores como todos los demás.

¿Qué le dice a Dios cuando ve que su ordenación sacerdotal se ha retrasado, primero “sin fecha”, y ahora a cuatro meses más tarde?
La verdad es que nada. Simplemente me ha hecho pensar cada vez más cómo el sacerdocio no es algo merecido o que se consigue con el esfuerzo de tantos años, sino un don que el Señor da. No hay lugar para quejarse, solo para darse cuenta de la gratuidad y magnitud del don.

el sacerdocio no es algo merecido o que se consigue con el esfuerzo de tantos años, sino un don que el Señor da

¿Hay algún sacerdote o algún familiar que por algún motivo haya sido especial en su experiencia vocacional, y por qué?
El P. Moy, un sacerdote diocesano. Cuando me cambié de colegio también me cambié de casa y digamos que las amistades eran pésimas. Si desde niño iba a misa y trataba de comportarme bien, con estos amigos era todo al contrario. Pero cuando el P. Moy llegó a la parroquia y empezó a organizar a los acólitos con juegos, convivencias y al ver su dedicación por los demás, se volvió a encender el deseo de ser sacerdote como él. Muchos años después, ya como legionario, lo visité y me preguntó: “¿Por qué no entraste al seminario diocesano?”. Yo le contesté: “Porque nunca me invitó”. Creo que si él me hubiera invitado le hubiera dicho que sí, pero nunca lo hizo; en cambio, los legionarios a quienes no conocía me hicieron la pregunta.

¿Qué ha significado este tiempo en Sevilla en su preparación al sacerdocio?
Una gozada. Las personas son estupendas. El clima de cercanía es maravilloso. Es un lugar privilegiado, porque la gente siempre está muy atenta y te acompañan en este camino hacia el sacerdocio.

Una de las ventajas de ordenarse en México es que va a estar mucho más arropado de familia y amigos que podrán acudir a la ordenación…
Relativamente, porque por el COVID solamente pueden ir 20 personas por sacerdote. Pero sí, podré estar con mi familia por una semana ya como sacerdote. Lo mejor es que el hermano de mi abuelo ¡¡¡me ha pedido que lo case!!!!! Qué cosas de Dios…

¿Qué le sugiere ordenarse en el Tepeyac?
Sentirme cobijado por la Virgen de Guadalupe y tener la certeza de que no estoy solo, que tengo una Madre que siempre está ahí para acogerme y guiarme.

¿Qué es lo primero que va a hacer una vez sea ordenado?
Ir a mi ciudad a celebrar mi primera misa y pasar un tiempo con mi familia.

¿Tiene ya destino apostólico?
Me quedo en Sevilla, acompañando a los chicos en el Colegio Highlands y en el Club Faro.

PIM, PAM, PUM: Le digo una palabra y Usted responde con otra

Ordenación sacerdotal: don
COVID-19: oportunidad
Apostólica: alegría
Cheshire: donación
Sevilla: gozada
Dirección Espiritual: vocación
Pobreza: puerta
Legionario de Cristo: misionero
Consagrada: hermana
Laico: llamado a la santidad
Laico consagrado: apóstoles de impacto
Regnum Christi: familia
Cielo: meta
Jesús: mi vida
Música: baladas
Amigos: generación
Un libro: David Copperfield
Una película: Señor de los Anillos
Una canción: El Triste
Su personaje favorito: Aragon
Su número favorito de los Estatutos del Regnum Christi: 7
Un número de las Constituciones de los LLCC: 235
La palabra que más te gusta: Quillo
Su santo favorito: Santo Tomás Moro

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