Rubén Pérez Ayala, sacerdote fallecido en la Paloma: “Cuando vengan las dificultades y las dudas, gritemos al Señor: ‘Si tú has estado siempre’, y el Señor será tu tranquilidad”

La explosión de las salas parroquiales de la Parroquia Virgen de la Paloma, en Madrid, ha dejado cuatro víctimas mortales. Una de ellas ha sido David Santos, un feligrés y electricista, con cuatro hijos, y de 34 años de edad. Su hermano Daniel Santos es miembro del equipo de la Revista Misión. Otra ha sido el sacerdote Rubén Pérez Ayala, de 35 años, que ha muerto en el hospital de La Paz, donde llegó herido de gravedad. Rubén, al igual que el resto de sacerdotes heridos, son sacerdotes diocesanos pertenecientes al Camino Neocatecumenal. La web de la Archidiócesis de Madrid ha facilitado la información oficial en tiempo real.

D. Gabriel pensó que era el Señor quien le llamaba: así se salvó
El párroco, don Gabriel Benedicto, también se encontraba en el edificio momentos antes de la explosión. Estaba confinado. Una parroquiana le llamó para que bajara. El sacerdote, debido a su situación, no podía bajar, pero la feligresa le insistió tanto que Gabriel pensó que era el Señor quien le llamaba. Y bajó. Entonces tuvo lugar la explosión. Fue así como se salvó, según narran miembros de la comunidad.

La primera homilía de Don Rubén
Don Rubén, que sí falleció a consecuencia de la explosión, había sido ordenado sacerdote hace medio año, el 21 de junio de 2020, en la parroquia. En su primera homilía recordó que Dios velaba por toda la humanidad e invitaba a mirar al Señor y confiar en Él: “No tengamos miedo ni temblemos cuando venga el enemigo porque sabemos que el Señor es mi héroe valeroso, mi fuerte defensor, el que me ayude en el peligro”, explicaba.
Además, indicaba la importancia de recurrir a Dios en los momentos más difíciles: “Cuando vengan las dificultades y las dudas, gritemos al Señor y pidámosle: ‘Señor, si tú has estado siempre, manifiéstate, sácame de la angustia”. Además, indicaba que, de esta forma, uno experimenta que el Señor es su tranquilidad. “Si clamas al Señor, él aparece”, afirmaba en su primera homilía. “Veo que Dios es fiel y ha hecho una historia de salvación conmigo. El Señor me manifiesta mi pobreza y también veo este don tan grande de esta llamada”, comentaba.

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