“Domingo de la Palabra de Dios” | Anne-Marie Terrenoir: “La Biblia nutre mi fe, conozco mejor de quién me estoy fiando y me da razones para una fe adulta”

Por primera vez en la Iglesia se va a celebrar una jornada dedicada expresamente a la Palabra de Dios, y será este domingo 26 de enero. Con esta celebración, el Papa Francisco espera que “la comunidad cristiana se centre en el gran valor que la Palabra de Dios ocupa en su existencia cotidiana”, tal y como señala en su Carta Apostólica Aperuit illis, del pasado 30 de septiembre, con motivo del 1.600 aniversario de la muerte de San Jerónimo. Para conocer más de esta celebración hemos hablado con la consagrada del Regnum Christi Anne-Marie Terrenoir, actualmente estudiando Teología en el Studium Theologicum Jerosolymitanum, en Jerusalén, sobre su importancia para la Iglesia y para cada uno de los cristianos.

¿Qué significa esta jornada para la Iglesia?

 Históricamente hablando es la primera vez que celebramos el domingo de la Palabra de Dios. Como lo explica el Papa Francisco en la Carta apostólica Aperuit illis es “un domingo completamente dedicado a la Palabra de Dios, para comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo” (nº2). Por lo tanto, es una llamada personal a todos los hijos de la Iglesia.

También es manifestación de la pastoral de nuestra Iglesia, en camino de Nueva Evangelización, “con el fin de reavivar la responsabilidad que los creyentes tienen en el conocimiento de la Sagrada Escritura y en mantenerla viva mediante un trabajo de transmisión y comprensión permanente, capaz de dar sentido a la vida de la Iglesia en las diversas condiciones en las que se encuentra”. Así lo declara el pasado 17 de enero, monseñor Rino Fisichella, Presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, durante la conferencia de presentación de esta celebración del Primer Domingo de la Palabra de Dios.

Y esta jornada tiene un “valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica a los que se ponen en actitud de escucha el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad” (nº3).

El Papa firma su Carta Apostólica Aperuit illis

 ¿Tenemos olvidada la Palabra de Dios? ¿Por qué?

Preferiría la pregunta en positivo, por ejemplo: ¿cuánto me ayuda la Palabra de Dios en mi vida? Aunque no quita que me puede ayudar a aterrizar a mi vida preguntarme cuáles son las causas de tenerla “olvidada” o de “usarla” poco.

Todavía podríamos conocer mucho mejor la Palabra de Dios y tomarla mucho más en cuenta en nuestra vida, para que sea efectivamente “lámpara para mis pasos, luz en mi sendero” (Sal 118, 105). Pero hay también muchas iniciativas que ya están implementadas, ya sea para explicar la Biblia, ya sea para compartir y rezar con la Biblia en comunidades de todas las edades. ¡Que esto pueda crecer!

Es cierto que se puede experimentar el miedo de no entender el texto bíblico, o pensar que es reservado a exegetas. Pero la predicación de Jesús es para todos, no para un grupo privilegiado, no excluye a ninguno. Y la necesitamos. Y cuando no entendemos ciertos pasajes, ¡busquemos explicación! Nos abrirá a una gran riqueza.

Otra dificultad es la de considerar la Biblia como un libro más, bueno, de los “tochos” por su tamaño… ¡Nos acostumbramos a medios extraordinarios que están en nuestras manos!… Como la Biblia, como la Eucaristía, como las personas que nos rodean que nos quieren y nos sostienen, etc. Dios viene a nosotros en nuestra cotidianeidad, pasa por vías “ordinarias”, y a veces no le reconocemos. Así la Biblia no es un libro más! Dios revela, muestra, cuenta con palabras humanas quién es Él y quién es el hombre, o sea quién soy yo. Si considero que ya me lo sé o que no lo necesito, no abro la Biblia, o no la leo más porque “¡ya me lo sé!”. ¡Pero no es así! La Biblia me llama cada vez de forma nueva. Es como cuando alguien a quien amas te dice “te quiero”. No le echas en cara que ya te lo dijo ayer, y que deje de repetir siempre lo mismo… ¡Porque no es así! Cada “te quiero” sincero es nuevo y renovador. Porque es para mí hoy. Es hoy con lo que somos los dos implicados, con nuestro pasado, presente y futuro, con lo que hemos gozado y sufrido desde ayer. Porque somos a la vez los mismos que ayer y a la vez algo diferentes. Lo mismo con lo que me encuentro en el texto bíblico. Porque se trata de una relación. De MI relación con el Señor. Y de la relación del Señor conmigo. Me ayuda a crecer, a hacerme como persona, ya que siempre estamos creciendo, madurando.

¿En qué debería ayudarnos la lectura asidua de la Biblia para el día a día?

Ya empecé a contestar en la pregunta anterior… Pero añadiría que nutre mi fe. La fe es un don. Es verdad, no me la he dado yo a mí mismo. Y como todo don implica una respuesta, una responsabilidad. O sea, cuidarla. La fe, es como la amistad, porque es una relación de confianza. Si no se cultiva y se cuida, se puede perder. Una forma de alimentar mi fe es la escucha de la Palabra, para conocer mejor de quién me estoy fiando y en qué me pide confiar, para tener razones de mi fe, una fe adulta. Así que nutre mi fe y mi conocimiento de quién es Dios. Y en consecuencia ilumina mi vida, me permite interpretar lo que me pasa (más que yo interpretar la Escritura). Y esto influye en mi vida de hijo de Dios, para vivir según esta libertad de los hijos de Dios a la que estoy llamada. Me da fuerza para vivir, esperanza, razones, alegría, serenidad interior, porque cada vez más “sé en quién he puesto mi confianza” (2 Tim 1,12), y repercuta en bien sobre las personas con quienes me encuentro.

Creo que es importante también profundizar en la lectura de la Verbum Domini, la exhortación post-sinodal de Benedicto XVI sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia

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