Regnum Christi España

La entrega de Santos patronos es una tradición en el Regnum Christi que se celebra en alguna ocasión especial, porque los santos "nos recuerdan a todos que vivir el Evangelio en plenitud es posible y es hermoso".

¿Qué es la entrega de los ‘santos patronos’?

Al inicio del año, en Navidad o en otra ocasión especial, se reparte al azar una estampa, un marcapáginas… algo, que tenga el nombre de un santo y alguna característica de su vida.

 

Se hace en equipo, en comunidad, en familia… Se entrega y se lee en voz alta su virtud o semblanza. Después conservas la estampa buscando que durante el año te inspire, proteja, te conduzca e interceda por ti.

 

Benedicto XVI, nos recuerda que «estamos rodeados, guiados y conducidos por los amigos de Dios […] No tengo que llevar yo solo lo que, en realidad, nunca podría soportar yo solo. La muchedumbre de los santos de Dios me protege, me sostiene y me conduce».

Inspiran, protegen, conducen e interceden  

Esta tradición nos ayuda a conocer a los amigos fuertes de Dios a los que “la Iglesia indica como modelos, intercesores y maestros. Se trata de los santos beatificados y canonizados, que nos recuerdan a todos que vivir el Evangelio en plenitud es posible y es hermoso”, dice el papa Francisco.

 

También nos ayudan a descubrir que “la santidad no es un programa de esfuerzos y de renuncias, no es hacer una gimnasia espiritual” (…) sino que “es, ante todo, la experiencia de ser amados por Dios, de recibir gratuitamente su amor, su misericordia”.

 

El papa dice que esto es un “don divino”, que “nos abre a la gratitud y nos permite experimentar una gran alegría (…) la certeza de poder afrontar todo con la gracia y la audacia que provienen de Dios”.

¿Qué relación inmediata hay entre la santidad y el carisma del Regnum Christi?

El carisma nace de contemplar y vivir un misterio de la vida de Cristo que, en el caso del Regnum Christi es el misterio del Reino. La misión del Regnum Cristi es hacer presente el Reino -a Cristo, que es el Reino en persona- en los corazones de los hombres y en la sociedad. Y la santidad podemos decir con san Pablo que es “Cristo que vive en ti”, es decir: el Reino presente en tu corazón, Cristo reinando en tu vida.

Santos patronos:
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¿Qué es esto de la santidad?

Algunas preguntas con respuestas del Papa Francisco

El Papa Francisco habla de “los santos de la puerta de al lado”: discípulos del Señor a los que todos conocemos cuyo “testimonio de una conducta cristiana virtuosa (…) es para todos nosotros una invitación a responder personalmente a la llamada a ser santos”

 

Dice el Papa Francisco que “al lado, o más bien, en medio de esta multitud de creyentes, que he definido «santos de la puerta de al lado» (Gaudete et exsultate7), están aquellos que la Iglesia indica como modelos, intercesores y maestros. Se trata de los santos beatificados y canonizados, que nos recuerdan a todos que vivir el Evangelio en plenitud es posible y es hermoso”.


Además, el papa Francisco nos invita a reconocer la presencia de Dios más allá de la propia Iglesia Católica: “La santidad es el rostro más bello de la Iglesia. Pero aun fuera de la Iglesia Católica y en ámbitos muy diferentes, el Espíritu suscita «signos de su presencia, que ayudan a los mismos discípulos de Cristo».

 

Tenemos «una nube tan ingente de testigos» que nos alientan a no detenernos en el camino, nos estimulan a seguir caminando hacia la meta. Y entre ellos puede estar nuestra propia madre, una abuela u otras personas cercanas (cf. 2 Tm 1,5). Quizá su vida no fue siempre perfecta, pero aun en medio de imperfecciones y caídas siguieron adelante y agradaron al Señor.

El papa Francisco en una conferencia sobre la santidad, nos decía que “la santidad no es un programa de esfuerzos y de renuncias, no es hacer una “gimnasia espiritual”, no, es otra cosa, es, ante todo, la experiencia de ser amados por Dios, de recibir gratuitamente su amor, su misericordia. Este don divino nos abre a la gratitud y nos permite experimentar una gran alegría, que no es la emoción de un instante o un simple optimismo humano, sino la certeza de poder afrontar todo con la gracia y la audacia que provienen de Dios.

 

Sin esta alegría la fe se reduce a un ejercicio abrumador y triste; pero teniendo la “cara larga” no se llega a ser santo, se necesita un corazón generoso y abierto a la esperanza”.

 

No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios (…) Dejémonos estimular por los signos de santidad que el Señor nos presenta a través de los más humildes miembros de ese pueblo. (…) Pensemos, como nos sugiere santa Teresa Benedicta de la Cruz, que a través de muchos de ellos se construye la verdadera historia: «En la noche más oscura surgen los más grandes profetas y los santos. Sin embargo, la corriente vivificante de la vida mística permanece invisible. Seguramente, los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia. Y cuáles sean las almas a las que hemos de agradecer los acontecimientos decisivos de nuestra vida personal, es algo que solo sabremos el día en que todo lo oculto será revelado».”

 

Tenemos «una nube tan ingente de testigos» que nos alientan a no detenernos en el camino, nos estimulan a seguir caminando hacia la meta. Y entre ellos puede estar nuestra propia madre, una abuela u otras personas cercanas (cf. 2 Tm 1,5). Quizá su vida no fue siempre perfecta, pero aun en medio de imperfecciones y caídas siguieron adelante y agradaron al Señor.

“La santidad brota de la vida concreta de las comunidades cristianas. Los santos no provienen de un “mundo paralelo”, son creyentes que pertenecen al pueblo fiel de Dios y que están insertados en la cotidianidad, compuesta por la familia, el estudio, el trabajo, la vida social, económica y política. En todos estos contextos, el santo o la santa camina y obra sin temores o trabas, cumpliendo en cada circunstancia la voluntad de Dios”.

No es lo mismo dejarse inspirar que copiar. Y tampoco es lo mismo imitar que copiar. El papa Francisco, en Gaudete et exultate, nos invita a dejarle al Señor hacer de cada uno la pieza de arte única que ha soñado para nosotros: “Hay testimonios que son útiles para estimularnos y motivarnos, pero no para que tratemos de copiarlos, porque eso hasta podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para nosotros. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él (cf. 1 Co 12, 7), y no que se desgaste intentando imitar algo que no ha sido pensado para él.

 

Todos estamos llamados a ser testigos, pero «existen muchas formas existenciales de testimonio». De hecho, cuando el gran místico san Juan de la Cruz escribía su Cántico Espiritual, prefería evitar reglas fijas para todos y explicaba que sus versos estaban escritos para que cada uno los aproveche «según su modo». Porque la vida divina se comunica «a unos en una manera y a otros en otra»”.

En varias ocasiones, el papa Francisco también ha recordado que la vida cotidiana, en el aquí y ahora en el que hemos sido puestos, es donde estamos llamados a florecer, a dejar que la vida de el Señor se apodere de nosotros: “Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales”.

¡Alegraos y regocijaos!

El papa Francisco escribió Gaudete et exsultate sobre la llamada a la santidad en el mundo contemporáneo.

¡Alegraos y regocijaos!

El papa Francisco escribió Gaudete et exsultate sobre la llamada a la santidad en el mundo contemporáneo.

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