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Galardón Alter Christus Pastoral Social | Entrevista a Fermín González: “Hay que socializar desde el humanismo cristiano y hacer nuestras las necesidades del prójimo”

Un joven del Regnum Christi entrega el galardón Alter Christus a don Fermín González

LomásRC

Don Fermín es sacerdote de la diócesis de Burgos y la mayor parte de su ministerio lo ha dedicado al mundo rural, a gitanos, drogadictos y actualmente, con 70 años, a los presos. Popularmente se le conoce como el “cura de la motosierra” por haber reconstruido los tejados de más de 600 iglesias. Y también nos pide orientarnos a lo importante: “Es cierto que tenemos puesta nuestra fe, muchas veces, en realidades tangibles, carentes de estabilidad y futuro”, pero “no podemos identificar edificios, riqueza, poder, parafernalia, con lo trascendente e inmanente”.

Este año ha recibido el Galardón Alter Christus de Pastoral Social. Se trata de un sacerdote consciente de su vocación, “con los pies en la tierra y mirando al cielo”. Nos cuenta que “Jesús nos enseñó la manera de mirar, de acercarnos, de tratar, de levantar a las personas”, pues a eso se dedica: “Si Él nos libra, tenemos que hacer lo mismo”. Las periferias de la Castilla rural han sido gran parte de ministerio pastoral: “Un mundo que lleva casi setenta años en deterioro por los cambios económicos, y de producción y que ahora no se les puede abandonar porque no producen como antes”. “Para mí -nos cuenta-, una de las obras de misericordia más denostada y olvidadas es ‘sufrir con paciencia las debilidades del prójimo”.

 

Don Fermín, junto al Cardenal Osoro
Don Fermín, junto al Cardenal Osoro en la gala de entrega de los galardones Alter Christus.

 

¿Cómo nació este particular servicio a la Iglesia de reconstruir los tejados de los templos de la diócesis de Burgos?

Como casi siempre, por necesidad. La falta de recursos, el estado cada vez más deteriorado de los templos de los pueblos en los que desempeñaba mi actividad pastoral, y la complicidad con las gentes de los pueblos. Por ambas partes: la solidaridad y cooperación de los voluntarios es fundamental, hay que cuidarlas y, sobre todo, seguir confiando en la humanidad.

Hay que seguir confiando en la humanidad.

¿Si se nos caen los templos se nos cae la Iglesia?

Para nada. Pero es cierto que tenemos puesta nuestra fe, muchas veces, en realidades tangibles, carentes de estabilidad y futuro, somos demasiado dados que una religiosidad mágica y de símbolos.

 

Y es evidente que necesitamos signos (sacramentos) y mantener vivo el misterio. Pero no podemos identificar edificios, riqueza, poder, parafernalia, con lo trascendente e inmanente. Los tiempos en que las casas (domus eclesiae) fueron lugar de encuentro, reunión, celebración … desde la sencillez, la humildad (aunque fueran casas grandes), el lugar donde se reúne la iglesia.

 

Tenemos que superar lo exterior en aras de la espiritualidad. Recuerdo haber dicho a más de un obispo: si no podemos mantener los templos… se los dejamos a los políticos, que los cuiden subsidiariamente. Es cierto que es nuestro patrimonio y debemos cuidarlo, pero nuestra fe está en el amor y la misericordia de Dios a todos.

 

Don Fermín González, en una de las localidades a las que atiende pastoralmente
Fermín González, en una de las localidades a las que atiende pastoralmente,

 

Su fama es la del “cura de la motosierra”, pero usted se ha ganado a pulso el galardón de Pastoral social trabajando con gitanos, en el ámbito rural, en el mundo de las drogas… y últimamente con presos en la cárcel de Burgos. ¿Qué le llevó a este compromiso social tan marcado?

Para mí, como cristiano, la persona es lo importante y la tenemos que poner siempre en medio y por delante de todo. Es cierto que escoges, que haces opciones, que te implicas con ciertos grupos o colectivos. Pero siempre es lo mismo: descubrir la necesidad, la vulnerabilidad, las carencias, el dolor… de personas. Y no podemos ignorar todo eso.

 

Jesús nos enseñó la manera de mirar, de acercarnos, de tratar, de levantar a esas personas. Si Él nos libra, tenemos que hacer lo mismo. Quizás he tenido la suerte de que al acercarme a esas realidades he sido aceptado y me han permitido acompañar esas realidades y a esas personas. Recuerdo discusiones con mi padre respecto a esos compromisos. Pero no hay nadie mayor o mejor o con más derecho que otro. Todos somos iguales y todos tenemos los mismos derechos. Y primero, los más débiles.

Hay que formular para nuestro modo de pensar, para aprender a ser misericordiosos como en nuestro Padre/Madre Dios.

En donde Usted ha estado más vinculado ha sido con el mundo rural, bien en la pastoral de sus parroquias o bien en el Servicio Técnico de Obras de la Diócesis de Burgos. ¿Qué tiene de particular el mundo rural? ¿Cuáles son su principales desafíos?

El mundo rural lleva casi setenta años en deterioro por los cambios económicos y de producción. No se les puede abandonar ahora que no producen como antes, ahora que se quedan los mayores, y son necesarias muchas hectáreas para poder sobrevivir.

 

Es necesario mantener los servicios básicos, incrementar los medios de producción o de generación de riqueza repartiendo los centros de producción por todo el territorio y no centrar lo todo en polígonos o grandes ciudades. La vida en el mundo rural sigue siendo más gratificante que en las grandes urbes, pero te ves privado de posibilidades, recursos, servicios… que pagamos todos por igual. Cierto que es más caro prestar servicios a poblaciones pequeñas y dispersas por el territorio, pero esa es una de las habilidades que se espera de los políticos: el justo reparto de la riqueza entre todos.

 

Ello provocaría la presencia y permanencia de los jóvenes en los entornos rurales. Sanidad, comunicación, redes, posibilidad de generar riqueza para los ciudadanos, cuidados.

 

¿Puede usted describirnos el rostro de la pobreza en España en este momento?

El rostro de la pobreza hoy tiene rostro de mujer, extranjera o perteneciente a alguna minoría étnica o cultural y con hijos. Hay muchas pobrezas en todos los espacios, pero la mujer sigue estando en la franja más débil y vulnerable.

 

Galardonados Alter Christus 2023
Galardonados Alter Christus 2023,

 

¿Se resuelve la pobreza con un donativo a Cáritas? ¿O se necesita algo más? ¿Cuál es la principal obra de misericordia que deberíamos poner en práctica en 2023?

No podemos descartar la necesidad de donativos para que Caritas u otras organizaciones sociales puedan desarrollar sus cometidos y programas, pero el cambio debe ser de mentalidad. Desde lo que tengo más cerca, mis prójimos. Esta sociedad va sobrada de una muy gran parte de individuos que miran para otra parte ante las injusticias y desigualdades. Somos demasiado, cada vez más, individualistas. Y el COVID19 agravó nuestro modo de estar en la sociedad y nos ha cerrado por miedos. Es una tarea que tenemos pendiente: socializar desde el humanismo cristiano o evangélico todos los espacios. Y hacer nuestras las necesidades y limitaciones de los otros.

 

Para mí, una de las obras de misericordia más denostada y olvidadas es la que habla de lo último que he comentado: “Sufrir con paciencia las debilidades del prójimo”. Que entiendo que hay que formular para nuestro modo de pensar, pero eso es aprender a ser misericordiosos como en nuestro Padre/Madre Dios.

 

Es una manera de mirarnos con comprensión, ternura, amor, corrección fraterna… No se trata de que cada uno campe a sus anchas, sino de procurar el desarrollo de todas las personas, sin que les falte la casa, el espacio social, el trabajo, el salario justo… para poder desarrollar su proyecto de vida. Y todos necesitamos tiempo para caer en la cuenta y cambiar para ser cooperantes, necesitamos ser amados para aprender a amar.

 

Me parece una de las obras de misericordia más complejas y con miras a largo plazo. Mi abuela decía “no hables mal del prójimo ni aún a sabiendas”.

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