La autora Rosa Montero participa en un Café Newman de la UFV para hablar de la muerte

El Instituto John Henry Newman celebró un Café Newman el pasado miércoles 21 de octubre en la Universidad Francisco de Vitoria con la introducción de la escritora y periodista Rosa Montero. Los anfitriones fueron Rocío Solís, coordinadora del Instituto Newman, y Felipe Samarán, director del grado en Arquitectura. Asistieron más de 250 alumnos vía online y unos 20 en el visionado presencial. El objetivo de este tipo de encuentros es “preguntarnos que es lo que sostiene la vida y tenerlas en cuenta”, tal y como indicó Rocío Solís.

Me agarro a la escritura frente a las mordeduras de la vida

Felipe Saramán preguntó a Rosa Montero sobre su infancia, ya que estuvo confinada durante cuatro años por tuberculosis. La escritora reconoció que en ese momento no era consciente de la muerte, pero que a medida que lo fue, la escritura le ayudó. “Muchos escritores sentimos que si no escribiéramos, nos desharíamos porque forma parte de lo que somos y nos sujeta”, afirmó. Además, Montero habló sobre uno de los temas más importantes de la sesión, la soledad: “En mi caso, la soledad desaparece en el momento que empiezo a escribir y hago partícipe a la gente de ello. Es una forma de pensar intensamente y ahondar en lo profundo. Me agarro a la escritura frente a las mordeduras de la vida”, explicó

También habló sobre la muerte de seres queridos y lo que provoca en el interior de una persona. “Creo que uno nunca se llega a recuperar, sino que se reinventa. Cuando alguien se va, esa persona se lleva un pedazo de mundo muy grande”, explicó. Además, afirmó que el ser humano tiene una gran capacidad para crecer y superar la muerte. “Lo que me ayuda a superar algo así es saber que podemos reinventarnos y que los seres humanos somos unos supervivientes absolutos”, añadió.

También fue preguntada por la situación actual del coronavirus y las muertes de la pandemia. “El coronavirus ha dejado una herida con la muerte tan brutal que tardaremos en cicatrizarla. Aún así, tenemos que tener en cuenta nuestra capacidad de crear una nueva vida y vivir con esas cicatrices. El ser humano es tan inagotable en esto que podemos conseguir una vida mejor, a pesar de todo esto”, afirmó.

No hay vida que valga la pena llamarse vida si no es con los otros

Montero reconoció la importancia de vivir en comunidad y cerca de otros. “Una certeza importante que tengo es que hay que vivir con los otros, somos con los otros y los necesitamos. No hay vida que valga la pena llamarse vida si no es con los otros. También, necesitamos tener la conciencia de los otros porque es muy consolador, ya que un error de la soledad y la neurosis es creer que estás solo. Eso es peor que la muerte”, explica Montero. Además, reconoce que los otros ayudan a vivir de un modo mejor la muerte. “Aunque mueras solo, morimos todos y esto hace que sea menos doloroso. Si lo ves en los demás, el miedo a la muerte es más pequeño. La humanidad nos ayuda”, añadió.

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