María Gálligo: “Si Dios me llama a la vida consagrada no es por mérito propio sino por su misericordia”

María Gálligo es de Madrid, tiene 25 años y estudió Educación Primaria en la Universidad Francisco de Vitoria. Hace dos años, decidió dar un paso muy significativo en su vida: empacar sus maletas para comenzar el candidatado en Monterrey, México, y descubrir si la vida consagrada es lo que Dios quiere para ella. Ha pasado un año ya y hemos preguntado a María sobre su experiencia de discernimiento. ¿Qué ha hecho durante estos dos años? ¿Cambia algo haber estudiado la carrera antes del candidatado? Sigue leyendo y podrás saber la respuesta de María a estas y muchas más preguntas.

¿Cómo describirías esta experiencia que has vivido en el candidatado?
En el candidatado he vivido dos años en los que la vida me ha “salido al encuentro”, como sucede siempre que uno acepta la aventura de vivir. Han sido dos años de VIDA, con mayúsculas. Dos años de aprender a vivir de verdad, de cambiar mi lógica por la lógica de Dios (¡y qué bien se ve desde aquí!), de dejar de ser yo mi propio centro y levantar la mirada para que el otro lo sea. De aprender a reconocer quién soy realmente, quién soy para Dios (¡su hija muy amada!) y vivir desde esa certeza.

A medida que he ido experimentando estas cosas, he descubierto lo qué significa vivir, y que todo Ser Humano está llamado a esto, cada uno desde su vocación. Como nos dice el Papa: ¡Cristo vive y te quiere vivo!”. Yo, a lo largo de este candidatado, he experimentado que Dios me llamaba a vivir en el Regnum Christi consagrada a Él.

¿Qué es lo que más te ha marcado durante este tiempo?
Pues el hecho de comenzar a vivir una vida sola con Jesús. La experiencia de enfrentarme yo sola a la vida, ya sin mi familia y mis seguridades… sola, con Jesús. En los momentos de gozo, en los momentos de sufrimiento, Él siempre ha estado y todo lo ha hecho bien. En la oración, Él me ha enseñado a mirar así y ha ido transformando mi corazón. A través de quienes me han acompañado en este proceso, Cristo me ha enseñado su rostro bondadoso sobre mí, su paciencia, su paternidad, su escucha y su verdad.

María junto con Marta Rodriguez, colaboradora española

Ya que tú te graduaste primero de la UFV nos puedes decir, ¿cambia algo haber estudiado la carrera antes del candidatado?
Para mí sí. Los años de universidad fueron super importantes y muy felices. Aprendí muchísimo sobre mí misma, sobre los demás, la vida, las relaciones humanas. Aprendí sobre qué es lo bueno, lo verdadero, lo bello, lo realmente importante. También fue un tiempo de equivocarme mucho, de caerme y levantarme y tomar decisiones… de crecer en todos los sentidos. Después de estos años llegué al candidatado con una mayor conciencia de la renuncia que hacía, y de que si Dios me llamaba no era por mérito propio sino por su misericordia: ¡porque me ama a pesar de todo, con todo!

¿Qué te hace ganar certeza en tu vocación?
Que Dios se ha encargado de quitarme todas las seguridades humanas con las que yo contaba para seguirle por este camino. Esta carencia me ha dejado con una única posibilidad: la confianza en Él. Que Dios me llame a confiar es mi gran certeza… porque confiar te hace más “hijo”, y vivir como un hijo de Dios es vivir como Jesús vivió. Es el camino de vuelta a la casa del Padre, ¡y ahí quiero ir!

¿Cuáles son tus siguientes pasos: vienes a Cerro del Coto a formarte?
Sí, después de la consagración vuelvo a Madrid para estudiar Teología en la Universidad Eclesiástica San Dámaso.

¿Cómo has vivido el nacimiento de la Sociedad de Vida Apostólica de las Consagradas y el nacimiento de la federación Regnum Christi en tu candidatado?
Durante el candidatado en Monterrey he tenido el regalo de cruzarme y escuchar a muchas consagradas de todas las edades y de diferentes lugares, vivencias y experiencias. Ha sido espectacular poder ser testigo de algo muy grande: sus vidas fueron entregadas, puestas en manos de Dios y Él las sigue llevando. El nacimiento de la Sociedad de Vida Apostólica es otra prueba de su fidelidad a ellas. Estoy súper agradecida de las cosas grandes que Dios ha hecho con mi familia espiritual a lo largo de este tiempo. Estoy agradecida por la ternura y paciencia con que nos ha conducido y nos sigue tomando de la mano para caminar.

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