Monseñor Antoni Vadell, obispo auxiliar de Barcelona, confirma a diez adultos en la capilla del Real Monasterio de Santa Isabel

El Regnum Christi de Barcelona ha estado de fiesta este martes 13 de octubre: diez adultos recibieron el sacramento de la confirmación en el Real Monasterio de Santa Isabel. Ha sido la culminación de un año de preparación en el Curso de Catequesis para adultos que, por segundo año, se realiza en la Sección de Adultos, y que ha sido coordinado por María de Arquer y Ana Montserrat.

Todos ellos sintieron la llamada del Señor a recibir este sacramento por diversos motivos: algunos después de un reencuentro con Dios a través de un retiro de Emaús; otros, a través del Colegio Real Monasterio de Santa Isabel o bien de Highlands School Barcelona; a otros les surgió el deseo al ver a sus hijos iniciar la catequesis de Primera Comunión o de Confirmación… “El Señor sabe cómo hacerse el encontradizo y sigue actuando en el corazón de la gente: es Él el que mueve y suscita el deseo de comprometerse con Él, y se vale de distintas personas, el catequista, la familia, un amigo, etc.”, nos explican las coordinadoras.

Un momento irrepetible de encuentro con Jesús

Antes de empezar la ceremonia, el obispo auxiliar de Barcelona, monseñor Antoni Vadell, quiso conocer y saludar a cada uno de los confirmandos. Estos le expresaron con espontaneidad y de corazón el amor que sienten por Jesús. Fue un momento íntimo y emotivo.

La ceremonia fue sencilla y cargada de emoción, con un gran espíritu de oración y recogimiento. Como explica una de las coordinadoras de las catequesis: “Dios nos volvió a sorprender de nuevo con su gracia y bendiciones, las lágrimas llenaron los ojos de los confirmados, de los catequistas y de los asistentes en más de una ocasión”.

Las palabras de monseñor Vadell en la homilía tocaron el corazón de todos y durante la crismación tuvo una palabra particular para cada uno de los que se confirmaban con los que estableció un pequeño diálogo.

Todos fueron muy conscientes de que la confirmación tenía que ser el inicio de una vida cristiana más plena, “y ha sido un privilegio poder ser testigo de sus rostros, en los que se puede ver de cerca cómo el corazón se desborda al recibir el don de la fe, el don del Espíritu Santo”, concluye una de las coordinadoras.

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