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Misión Maya | Ana: “La verdadera misión de un misionero es, desde que te levantas hasta que te acuestas, amar y abrazar a todo aquel que se te cruce en el camino”

Ana, con un niño de las misiones maya

LomásRC

Misión Maya es un proyecto de evangelización del Regnum Christi en la zona maya de México. En este verano, y promovido por Juventud Misionera, han acudido dos grupos de jóvenes de bachillerato a colaborar durante 15 días.
  • Doña Elvira, una mujer maya, nos dijo: “Dios es bueno, nos cuida, Él sabe”. Ella me recordó que para eso hemos venido, para amar, y saber que eres creado para ello.
  • Otro de los muchos regalos que estas misiones me han enseñado es saber rezar con Jesús.
  • Todas las noches teníamos que dar gracias por algo, ahí me di cuenta que todos los días nos pasa algo bueno.

Se llama Ana, tiene 17 años y estudia en el colegio Alegra un programa de bachillerato internacional. Ana nos cuenta que en su familia “julio es el mes para conocer mundo”, y que “este año me apetecía algo diferente, algo que llevaba mucho tiempo pensando en hacer: un voluntariado que realmente mereciera la pena”. Nunca había tenido una experiencia misionera, así que se lanzó a las Misiones Maya, con Juventud Misionera. “Los misioneros íbamos principalmente con una misión: ser instrumento de Cristo y que las personas se sintieran amados por Él”.

 

Primeras comuniones en las misiones maya
Los jóvenes que participaron en las misiones maya también acompañaron a los que prepararon para recibir la Primera Comunión.


 

Los 50 misioneros y misioneras estuvieron durante 15 días visitando tres comunidades maya: Santa Cruz, San Andres y Uh May. Estuvieron acompañados por don Antonio Palazon, sacerdote diocesano de Cartagena y que ha invitado en varias ocasiones a Juventud Misionera en Semana Santa a su parroquia, dos consagradas del Regnum Christi y cinco responsables laicos adultos más. Los frutos son de Dios, pero gracias a su trabajo misionero con los maya 10 personas se bautizaron, 25 hicieron la primera comunión y 2 se confirmaron.


¿Por qué ir de misiones en verano? ¿Cuesta dedicar parte de tus vacaciones a algo así?

En mi familia tengo la gran suerte de que siempre me han inculcado el aprovechar los veranos para formarme, campamentos en el extranjero, cursos, intercambios, etc. Este año me apetecía algo diferente, algo que llevaba mucho tiempo pensando en hacer: un voluntariado que realmente mereciera la pena y que encajara con los requisitos para que me dejaran ir. Al tener tan asimilado desde que era pequeña que julio es “el mes para conocer mundo”, no me costó dar mis vacaciones. Aunque no hayan sido quince días de descanso, se podría decir que ellos me han regalado quince días de vacaciones, de disfrutar al máximo y de lecciones que nunca voy a olvidar.


Preparando la capilla para las celebraciones en la misión maya
Preparando la capilla para las celebraciones en la misión maya.
 
¿Qué recuerdo te traes a España de estas misiones maya? ¿Qué va a cambiar en tu vida a partir de ahora?

Recuerdos muchos. Estas misiones me han regalado todos los días algo especial. Pero, sin duda, me llevo más que un recuerdo, un recordatorio, un recordatorio que ojalá a todos nos lo tatuaran al nacer para que, en cada adversidad, turbulencia o incluso en lo ordinario, no se nos olvide lo que de verdad importa, a lo que realmente hemos venido, nuestra verdadera misión.

Somos humanos y en la sociedad en la que vivimos hay mucho ruido que nos aleja de lo importante, no es en lo sofisticado, en lo brillante, en lo perfecto, en la competición constante, en lo inalcanzable, ahí no es donde está la repuesta ni la receta para ser feliz, pero por nuestra debilidad y los anhelos que tenemos en el corazón es donde nos dejamos caer. Un día, comentando con Doña Elvira el evangelio que acabábamos de leer, me esperaba una respuesta profunda y, a pesar de sus dificultades para comunicarse, pude entender que decía: “Dios es bueno, nos cuida, Él sabe”. Ella me recordó que no es en lo sofisticado sino en lo humilde, se sentía completamente amada, que para eso hemos venido para AMAR, y saber que eres creado para ello.


El visiteo, el inicio del día del misionero
El visiteo, el inicio del día del misionero.
 
Han sido unas misiones de evangelización: ¿Cuál era tu labor?

Los misioneros íbamos principalmente con una misión: ser instrumento de Cristo para sembrar frutos en la vida de las personas allí donde fuéramos, dar a conocer a Cristo, pero lo más importante es que se sintieran amados por Él. Siendo sincera, la verdadera misión diaria de un misionero es, desde que te levantas hasta que te acuestas, amar y abrazar todo aquello que se te cruce en el camino.


¿Cómo os recibieron los mayas? Vosotros aportasteis la fe ¿y ellos a vosotros?

Ellos nos recibían con una sonrisa siempre. Las misioneras, sin embargo, el primer día que llegamos no sabíamos dónde nos habíamos metido, ni porque estábamos ahí, ni cuál era la misión, ni el propósito, pero eso en cuestión de días cambió.

Nuestra rutina era por la mañana “visiteo”, es decir, visitar las casas de la comunidad, hablar con ellos, leer una cita del Evangelio y comentarlo, ayudar con lo que necesitarán y, después por la tarde, catequesis. El primer día, la primera casa que visitamos fue Doña Elvira, leímos una cita del Evangelio y no hizo falta que hiciéramos nada: ¡fue ella quien nos dio una lección a nosotras! Poco a poco fuimos conociendo la comunidad y ellos a nosotros, y aunque conseguimos pequeños frutos como que una chica de 19 años hiciera la comunión, o que los niños recibieran más formación acerca de la de fe católica, creo que, sin duda, fueron ellos quienes han sembrado más frutos en nosotras, nos han ensañado qué es lo que de verdad importa.


Los misioneros también acompañaron al sacerdote en la unción de los enfermos
Los misioneros también acompañaron al sacerdote en la unción de los enfermos.
 
En cualquier momento de la vida, la oración es fundamental, pero ¿en las misiones se refuerza aún más? ¿Cómo ha sido tu relación con Cristo durante este tiempo?

Creo que es otro de los muchos regalos que estas misiones me han enseñado: saber rezar con Jesús. He tenido la gran suerte de tener unas responsables que lo dieron todo y nos prepararon con mucho cariño unas actividades espirituales para por la noche.

Lo comenté con una de las responsables y, verdaderamente, ha sido lo clave de estas misiones. Era el rato de desconexión, de paz, de asimilar todo lo que nos pasaba en el día. Todas las noches teníamos que dar GRACIAS por algo, ahí me di cuenta que todos los días nos pasa algo bueno. Sorprenderá, pero estando allí y en esas condiciones me costaba elegir una sola cosa por la que dar gracias. Mi relación con Cristo ha sido una amistad más, y aunque muchas veces me costará… confiando en sus planes sabiendo que Él siempre va por delante.

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