Rafael Pou, L.C., será ordenado diácono en julio: “Era incapaz de imaginarme feliz como sacerdote, era un harakiri, pero Dios me llenó de ilusión por mi vocación legionaria”

El H. Rafael Pou será ordenado diácono el 6 de julio, en el Santuario de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en Barcelona, por monseñor Antoni Vadell i Ferrer. Nos ha concedido una entrevista en la que, entre otras cosas, nos cuenta que “la vocación la da Dios, pero la prepara también con un terreno adecuado: recibí la fe de mis padres y abuelos, aprendiendo a tener una relación cercana con Cristo”, y también que su primer destino será la Universidad Francisco de Vitoria.

El nuevo diácono nació en hace 32 años, y en su biografía hay una amplia relación con el Regnum Christi: “Me incorporé al ECYD y a los 16 años pasé al Reino. Mis padres ya eran de Reino, y a mí me bautizó un legionario… así que supongo que lo llevaba en el ADN…”. También estudió unos años en colegio Real Monasterio de Santa Isabel y actualmente, en Roma, simultanea sus estudios sacerdotales con su dedicación a los jóvenes universitarios y catequesis en la cárcel de Roma. También participa en un apostolado a través de vídeos (Hablando en Cristiano), y ha escrito un libro, que publicará Dios mediante en septiembre… Aburrirse, no se aburre. Así que no te pierdas la entrevista a continuación.

H. Rafael, ¿en qué medida su vocación es fruto de una familia en la que se vive la fe?

¡En gran medida! La vocación la da Dios, pero la prepara también con un terreno adecuado. Recibí la fe de mis padres y abuelos, aprendiendo a tener una relación cercana con Cristo. El hecho de tener abuelos militares creo que también contribuyó a formarme un ideal de la vida como servicio. En ese terreno, cuando a los nueve años escuché que Cristo quería ser mi amigo y que me necesitaba para cambiar el mundo, recibí como la intuición fundamental que nunca me ha abandonado. No era todavía la vocación al sacerdocio, que recibiría ya con dieciocho años, pero sí la certeza central de mi vocación al Regnum Christi, por así decir. Además, me marcó mucho el que mis padres fueran del Movimiento: en casa era normal compartir lo que vivíamos en los clubes y secciones, hablar de apostolados, preguntarnos por cómo acercar a Dios a los demás…y creo que es un elemento que nos unió mucho como familia, pese a nuestros más y nuestros menos.

A lo largo de estos años seguramente habrá vivido momentos difíciles y otros mejores. Cuéntenos algo de ellos.
Bueno, yo creo que lo más difícil para mí fue entrar en la Legión. Cuando recibí la llamada, en un retiro en Sant Juliá, en noviembre de 2004, sentí una gran resistencia interior, y pasé un año muy difícil. Era incapaz de imaginarme feliz como sacerdote, lo veía como hacerse un “harakiri” existencial. Y sin embargo, en la medida que fui confiando y dejándole hacer a Dios, no queriendo controlarlo todo, me fue llenando una gran paz y una gran ilusión por mi vocación legionaria. Fue como un ir dando pasos poco a poco en la oscuridad, hasta experimentar una alegría inmensa al entrar en el noviciado, y la certeza de haber sido creado para esto.

Luego he tenido momentos de dificultad y de lucha en mi vida, pero esa alegría estable como telón de fondo nunca me ha abandonado. Y en los momentos de oscuridad, miras atrás y dices “todo esto era verdad: he vivido inmensamente feliz durante cinco, diez, quince años siguiendo a Cristo… así que o Dios existe y me llama, o debo estar como una cabra”. También el momento de la crisis del Fundador fue una prueba, claro, pero allí Dios me regaló la certeza de que era Él quien me llamaba a ser legionario, y no ningún ser humano. Y que incluso aunque toda mi vida estuviera marcada por el estigma de ese fundador, ese era precisamente el camino en que mi vida iba a dar frutos para el Reino.

¿Ya tiene destino como diácono?

¡Sí! Iré a la Francisco de Vitoria, para unirme al equipo de capellanes, ayudar en las secciones de jóvenes de Madrid y eventualmente empezar a dar clases también en la universidad. Estoy muy contento y agradecido por la oportunidad, porque me atrae mucho el combinar el trabajo pastoral juvenil con el poder dar clases de materias filosóficas, escribir, dar conferencias… creo que puede ser una buena combinación.

Si no fuera sacerdote, ¿qué le hubiera gustado estudiar?

Antes de entrar en la Legión empecé la carrera de Derecho, y entonces no sabía bien si quería ser periodista, ejercer de abogado o acabar en el mundo de la política. Supongo que siempre me atrajo la idea de cambiar el mundo (objetivos modestos y realistas, ¡jeje!), y para ello me llamaba el campo de la batalla cultural y política, la transmisión de ideas…

Usted se ordena en un momento muy especial en la vida del Regnum Christi, y en concreto de la congregación de los legionarios de Cristo, pero entró en unos años complejos. Con esta experiencia, ¿se fortalece la vocación, se purifica?

¡Desde luego! Yo creo que la Legión y el Regnum Christi no han perdido nada de lo que siempre fue su don a la Iglesia, y en cambio nos hemos purificado, afinado, descubierto mejor nuestro verdadero rostro. Y con todo este proceso, uno aprende a vivir más afincado en lo esencial, a darle a cada cosa su justo peso…
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