De misiones de Semana Santa con bebés | Marilys y Javier: “Un poco locos sí que estamos pero, desde luego, ¡vale la pena!”

Marilys y Javier, de Valencia, tienen tres niñas pequeñas: de dos años, un año y un mes… Y son tres misioneras más. A su estilo evangelizan: abren puertas, generan simpatía, hacen que la misión sea alegre, ponen en valor el esfuerzo misionero de sus padres… “Los niños evangelizan de corazón a corazón”, nos cuentan. En este testimonio, nos narran cómo es una misión de Familia Misionera en Semana Santa con hijos pequeños, y cómo suceden cosas gracias a ellos que hacen que llevar a Cristo a los demás sea un poco más fácil y una bendición.

“Los niños evangelizan de corazón a corazón”

“A un mes de empezar la Semana Santa, el Señor nos ha vuelto a invitar a participar de estos días de una forma muy especial. Hace 3 años que nos casamos y desde nuestro primer año de matrimonio teníamos claro que queríamos vivir la Semana Santa como misioneros. El primer año vino con nosotros nuestra primera hija, Marilys; el segundo año se incorporó Rocío; y este año creo que batimos récord con la misionera más joven: ¡¡la pequeña Paloma de tan solo un mes!! Por supuesto llevará su pañuelo amarillo como una más.

Muchos nos dicen que estamos locos, que eso de irse de misiones es para otros y es cierto que puede dar un poco de susto, pereza… ir con tres bebés… la organización se complica. Nosotros contestamos que un poco locos sí que estamos pero, desde luego, ¡vale la pena!

En el camino de vuelta a casa hay un sentimiento que supera el cansancio: ¡¡¡Una alegría inmensa de haber anunciado que el Señor ha resucitado!!! Los niños, que son la alegría, transmiten esta noticia a todo el que se cruza con ellos, de corazón a corazón.

Es curioso cómo el Señor te regala momentos inolvidables que quedan grabados y que vuelven a aparecer a lo largo del año. Como ejemplo, uno de los momentos que más nos han impactado en estos tres años fue cuando unos niños del pueblo, viendo la alegría y el recogimiento del grupo, se acercaron a preguntarnos qué era lo que hacíamos. Estuvimos explicándoles en qué consistía la Semana Santa, les regalamos un Rosario y nos pidieron que les enseñáramos a rezarlo, pues nunca habían oído hablar del Padre Nuestro o del Avemaría.

Fue impresionante ver a nuestros niños misioneros hablar con tanto amor y pasión de la Virgen María y Jesús. Tras pedir permiso a sus padres, entraron en la Iglesia para participar de los oficios y nuevamente nuestros hijos misioneros fueron explicándoles con mucha sencillez lo que allí estaba ocurriendo. Sin darse cuenta, nuestros hijos fueron grandes apóstoles, tanto con esos niños, como con nosotros, los adultos. ¡¡¡¡Qué gran ejemplo nos dieron!!!!

Además de estos momentos de misión, las familias nos nutrimos de muchos momentos de convivencia, formación y oración. Algo que no puede faltar, pues no podemos hablar del Amor si antes no lo hemos experimentado y cuidado. Sin duda es una experiencia que hay que vivir: acompañar a Jesús y ser partícipes de la historia de la salvación. Cuando nuestros amigos nos preguntan acerca de las misiones les contestamos:¡Si vas, repites!”

Marilys y Javier

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