Testimonio Misiones | Gabriel López: “La sencillez compartida nos llenaba a todos”

Gabriel López conoció las Misiones de Juventud Misionera a través de una amiga que trabaja en el colegio Highlands School El Encinar. No es miembro del movimiento, pero se animó a vivir la Semana Santa de forma diferente. Este año ha sido la tercera vez que Gabriel va de Misiones y nos cuenta que a pesar de que las primeras experiencias fueron buenas, esta ha sido “la mejor Semana Santa de su vida”.
Cada año, la experiencia de evangelizar se vive de una manera distinta y aporta un fruto nuevo a aquellos que participan. A través de su disposición con los demás, el compartir su talento musical con los misioneros y abrir su corazón a Cristo, Gabriel ha podido vivir un momento muy bonito y nos lo quiere compartir con su testimonio.
La mejor Semana Santa de mi vida
Este ha sido mi tercer año de misiones (el primer año misioné con Familia Misionera en Riópar, y el segundo ya con Juventud Misionera en Cartagena). Aunque en todas las ocasiones he disfrutado, este año ha sido especial. Puedo decir que he recibido la Gracia de vivir la mejor Semana Santa de mi vida. Y esto ha sucedido porque he sentido el amor de Dios más que nunca a través de mi equipo de misiones y a través de los fieles de los pueblos que hemos visitado.

Humanamente no es posible entenderlo: dormíamos en el suelo, las duchas estaban congeladas… todo era más bien incómodo. Y, sin embargo, ¡menudo regalo! La sencillez compartida con el resto de jóvenes, comer con las familias que nos abrieron sus casas, dar lo mejor de cada uno en las condiciones que sean, nos llenaba a todos, sacando lo mejor de nosotros mismos.

Mira que estoy a la puerta y llamo…

 

Visitando las casas de puerta en puerta, pudimos reflexionar sobre lo real y concreto que es Cristo. Todo lo que dice lo cumple. La Palabra de Dios no es poesía: “Mira que estoy a la puerta y llamo”, dice el libro del Apocalipsis. Él estaba llamando a estas personas a través de nosotros, instrumentos, “siervos inútiles”. Que abrieran la puerta, que no la abrieran, que se sorprendieran de ver a jóvenes enamorados de Dios… todo eso no dependía de nosotros. Dejemos que Jesús toque sus corazones a su manera.

Lo importante para disfrutar de unas misiones como estas es ir con el corazón dispuesto a darlo todo. El cansancio va en aumento cada día por la falta de horas de sueño. Pero la donación sana corazones y repara las fuerzas. Es real que salir de uno mismo te hace ser más feliz. Me dediqué a estar al servicio de otros y recibí mucho más amor del que pude dar. ¡Sin duda repetiré el año que viene!

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